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29.6.08

Le Petit Principe





Me daba cuenta de que algo extraordinario pasaba en aquellos momentos. Estreché al principito entre mis brazos como sí fuera un niño pequeño, y no obstante, me pareció que descendía en picada hacia un abismo sin que fuera posible hacer nada para retenerlo. Su mirada, seria, estaba perdída en la lejanía; [...] Y sonreía melancólicamente. [...].



- Has tenido miedo, muchachito -
Lo había tenido, sin duda, pero sonrió con dulzura: - Esta noche voy a tener más miedo aún...

Me quedé de nuevo helado por un sentimiento de algo irreparable. Comprendí que no podía soportar la idea de no volver a oír nunca más su risa. Era para mí como una fuente en el desierto.

[...]

- Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará precisamente encima del lugar donde caí el año pasado... - ¿No es cierto -le interrumpí- que toda esta historia de serpientes, de citas y de estrellas es tan sólo una pesadilla?

[...]

- Lo más importante nunca se ve. - Indudablemente. - Es lo mismo que la flor. Si te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido. [...] - Por la noche mirarás las estrellas; mi casa es demasiado pequeña para que yo pueda señalarte dónde se encuentra. Así es mejor; mi estrella será para ti una cualquiera de ellas. Te gustará entonces mirar todas las estrellas. Todas ellas serán tus amigas. Y además, te haré un regalo... [...] La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecítas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas están en silencio. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido.

- ¿Qué quieres decir?
-

Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen
. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reír! [...] Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: "Las estrellas me hacen reír siempre". [...] Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reír.

[...]

- Esta noche ¿Sabes? no vengas...
-
No te dejaré.
- Pareceré enfermo. Parecerá que me muero. ¡No vale la pena que vengas a ver eso.!

[...]

- He dicho que no te dejaré

[...]

Me cogió de la mano [...]:

- Has hecho mal. Tendrás pena. Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad. [...] ¿Comprendes? Es demasiado lejos y no puedo llevar este cuerpo que pesa demasiado. [...] Será como una corteza vieja que se abandona.

Yo me callaba. [..] El principito se calló también; estaba llorando. [...] Se sentó porque tenía miedo. Dijo:

- ¿Sabes?. Mi flor. Soy responsable, ¡Y ella es tan débil y tan inocente! Sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra todo el mundo. [...] Sé que en algún lugar del mundo, existe una rosa única, distinta de todas las demás rosas, una cuya delicadeza, candor e inocencia, harán despertar de su letargo a mi alma, mi corazón y mis riñones.

A esa rosa, donde quiera que esté, dedico este trabajo, con la esperanza de hallarla algún día, o de dejarme hallar por ella.

Existe rodeada de amapolas multicolores, filtrando todo lo bello a través de sus ojos aperlados, cristalinos y absolutamente hermosos.

Le Petit Prince
Antoine de Saint-Exúpery.

[♥]

- ¿Como te sientes? - Como en esos días en los que al escuchar, leer o decir la palabra amor no peudes evitar llorar. - Al decirme esto me has dejado ver, mejor que nunca, las cenizas de tu corazón...